Como vimos la clase anterior, la teoría de la evolución darwiniana tiene dos aspectos centrales:
1. El hecho de la evolución: las especies actuales derivan de especies anteriores y distintas, formando un árbol de la vida: todo par de especies tiene un ancestro común; aun más, remontándonos muy atrás en el tiempo, hay un ancestro común a todas ellas: un organismo originario del cual todos los individuos actuales, de cualquier especie, descendemos. Los fascinantes detalles de este árbol, que cada vez comprendemos mejor, los da la filogenética, el estudio de cómo están emparentadas las diversas especies, actuales y remotas.
2. El mecanismo de la evolución: la selección natural es el principal mecanismo que explica los cambios evolutivos y la admirable adaptación de los individuos a su ambiente. La evolución se da en las poblaciones por la gradual propagación - a través de las generaciones - de individuos con los rasgos heredables más ventajosos (es decir, que incrementan su probabilidad de sobrevivir y/o reproducirse exitosamente), y la eliminación gradual de quienes carecen de ellos. Los individuos que inician el cambio evolutivo en una población - aquellos que poseen un rasgo, de origen genético, que les otorga una ventaja - no obtienen dicho rasgo por la presión del medio ni porque ellos "reconozcan" que dicho rasgo va a darles una ventaja. La mutación genética que otorga ese rasgo favorable se da azarosamente: un simple "error" (cambio, mutación) en la replicación de su material genético. En toda población hay "mutantes", que pueden ser muy pocos; y por lo general las mutaciones en cuestión no tienen ningún efecto favorable: no hay preferencia del ADN a mutar favorablemente en el individuo. Pero de cuando en cuando ocurre en algún individuo una mutación que aporta, en el ambiente dado, una ventaja reproductiva, iniciándose así un proceso de selección natural (difusión del rasgo o gen ventajoso y eliminación de los menos ventajosos). El carácter favorable del rasgo, entonces, determina, no su origen, sino su "selección": por qué el rasgo termina predominando en la población a través de las generaciones.
Veamos un ejemplo, la resistencia de las bacterias a los antibióticos (Coyne, p. 163), bastante singular porque la presión selectiva dada por la irrupción de los antobióticos es enorme (sólo unos pocos afortunados de la generación de partida sobreviven) y por eso la fijación del rasgo favorable se da en cuestión de pocas generaciones:
"Cuando se introdujeron los antibióticos durante la década de 1940, todos creían que
resolverían para siempre el problema de las enfermedades infecciosas causadas por
bacterias. Estos fármacos funcionaban tan bien que casi todos los afectados de
tuberculosis, faringitis estreptocócica o neumonía podían curarse con un par de
inyecciones o un frasco de pastillas. Pero nos habíamos olvidado de la selección
natural. Con sus enormes tamaños poblacionales y cortos tiempos de generación,
precisamente las características que hacen a las bacterias ideales para los estudios
de evolución en el laboratorio, hay una elevada probabilidad de que aparezca una
mutación que confiera resistencia a un antibiótico. Las bacterias resistentes al
fármaco serán justamente las que sobrevivirán y dejarán descendientes
genéticamente idénticos que también serán resistentes al antibiótico. Con el tiempo,
el fármaco pierde efectividad y volvemos a tener un problema médico. Esto ha
producido crisis graves para algunas enfermedades. Existen hoy cepas de la
bacteria de la tuberculosis que han evolucionado hasta el punto de ser resistentes a
todos los antibióticos que los médicos han venido utilizando contra ellas. Tras un
largo período de curas y optimismo médico, la tuberculosis se está convirtiendo de
nuevo en una enfermedad mortal."
Otra forma en que un rasgo se difunde por el éxito reproductivo diferencial que aporta es la llamada "selección sexual", que también vimos en clase. Puede suceder - y a menudo sucede - que hay rasgos heredables de los machos que son preferidos por las hembras a la hora de copular, y por ello los machos que presentan ese rasgo tienen más éxito reproductivo - dejan más descendencia - que los que carecen de él. Así, la frecuencia de este rasgo entre los machos de las generaciones siguientes - heredado de sus progenitores - aumentará. Aun si el rasgo no da ventajas para la supervivencia de los machos que lo poseen (a veces es desventajoso en este sentido), será difundido en las generaciones siguientes en detrimento de los que no lo poseen por el hecho de que las hembras copulan preferencialmente con esa clase de machos.
(Otros aspectos de la selección sexual fueron expuestos la clase pasada.)
Es conveniente recordar que, a diferencia de otras teorías anteriores de la evolución, Darwin no postula una tendencia intrínseca de la vida a progresar o a complejizarse: no hay una ley general de evolución que determine que todo organismo tiende por sí mismo a "evolucionar". No hay, en particular, una ley general de progreso. La evolución no significa progreso para Darwin; y evolución no quiere decir necesariamente complejización. (Esto está explicado en el video que les pasé y en el texto de Ginnobili.)
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