lunes, 30 de octubre de 2017


   Hoy también estuvimos hablando de la metodología de Lakatos. Vimos la característica que comparten Kuhn y Lakatos en tanto críticos de Popper. El meollo de su crítica es que muchas veces las discrepancias entre teoría y resultados experimentales no son tomados por los científicos como refutaciones de la teoría, ni deben necesariamente serlo. Los científicos muestran una mayor "paciencia" ante los problemas y aparentes refutaciones de las teorías, optando a menudo por una explicación alternativa de dichos problemas que deja intacta a la teoría amenazada. Esto, por lo general, se hace reinterpretando o corrigiendo las observaciones de modo apropiado, o bien responsabilizando del problema, no a la teoría, sino a algún otro supuesto auxiliar que se venía aceptando, a veces implícitamente. Lakatos concuerda con Kuhn en que este tipo de comportamiento conservador es usual en la ciencia, y que por tanto el método crítico de Popper - tal como él lo interpreta - no puede ser aceptado como caracterización universal del método científico. La defensa ante una aparente refutación, pues, es y debería ser, según Lakatos, siempre posible; no hay, según él, resultados contrarios puntuales que puedan obligar racionalmente a abandonar una teoría.
   Lo que agrega Lakatos (ahora inspirándose en Popper) es que no todas las "defensas" son igualmente buenas. Los cambios que se efectúan para explicar una anomalía (o cualquier otra clase de problema) pueden ser de dos tipos: progresivos o regresivos. Un cambio progresivo es aquel que no sirve meramente para conciliar la teoría y la experiencia anómala que lo suscitó sino que además conduce a nuevos pronósticos contrastables, que agrega información o contenido empírico novedoso. Además - para que el cambio sea empíricamente progresivo - al menos algunos de esos pronósticos nuevos deben corroborarse; esto es, debe dar ocasión a una novedad científica real, a un descubrimiento científico. Por último, el cambio introducido no debería ocasionar ninguna pérdida explicativa: todo lo que antes podíamos explicar exitosamente se conserva tras el cambio. Estas tres condiciones - introducción de información empírica novedosa, descubrimientos, y capacidad explicativa anterior conservada - definen un cambio progresivo. Por el contrario, los cambios que no conducen a novedades empíricas, o nunca conducen a éxitos corroborables, son cambios regresivos (estancados). Lakatos evalúa la ciencia por cómo se desarrolla en el tiempo, por cómo evoluciona. La buena ciencia, dice Lakatos, es aquella que evoluciona mediante una serie progresiva de cambios: tenemos una teoría principal o "núcleo" N cuyos problemas (anomalías, extensiones de su ámbito de aplicación, etc.) se solucionan mediante modificaciones en los supuestos auxiliares que cumplen con las tres condiciones de progresividad que mencionábamos. Si, en cambio, los problemas se van explicando sin agregar novedades ni éxitos ostensibles, sin mostrar una capacidad de anticipar y descubrir nuevos hechos, tenemos un caso de ciencia estancada o regresiva.
   Esta entidad cambiante - o sucesión, si se quiere - que consta de un núcleo N que se mantiene y de supuestos auxiliares que se van modificando, que puede ser progresiva o regresiva, es lo que Lakatos llama un programa de investigación científica. Por supuesto, incluso el núcleo N (y con ello todo el programa) puede eventualmente abandonarse si el programa se estanca (entra en una fase regresiva) y además se presenta otro programa rival que evoluciona progresivamente; así es como se explica una revolución científica según Lakatos: un programa rival que gana preponderancia entre los científicos porque supera al programa actual en su capacidad de anticipar y descubrir nuevos hechos, en su progresividad.

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