Hoy seguimos
viendo otros aspectos de la filosofía de la ciencia de Popper. En
particular, nos detuvimos a examinar el rol de la contrastación
empírica en su concepción. Y vimos que los científicos contrastan
sus hipótesis con el objeto de encontrar posibles errores en
la hipótesis, si es que existen: esto es, por si la hipótesis, a
pesar de sus méritos ostensibles, fuera falsa - y sin duda debemos
estar abiertos a esa posibilidad -, tratamos de que sus errores
salgan a la luz lo más rápido posible, sometiéndola a una batería
de contrastaciones implacables que intentan "cacharla",
encontrarle casos contrarios, contraejemplos. Si logramos descubrir
un contraejemplo (un error, pues), la teoría o hipótesis deberá
ser descartada o al menos modificada, puesto que nosotros sólo
queremos teorías verdaderas, y justamente por ello estamos tan
atentos a sus posibles errores.
Las contrastaciones proceden de manera deductiva: razonamos que si la hipótesis es verdadera (y eso es lo que queremos), las consecuencias que derivamos de ella mediante razonamiento lógico-matemático también deben serlo; y nos interesan especialmente aquellas consecuencias que resulten novedosas, sorprendentes, improbables, pues es examinando esta clase de consecuencias donde más esperamos que, de ser falsa la hipótesis, se obtenga un resultado que desenmascare su falsedad. Las contrastaciones que nos interesan son pues contrastaciones exigentes o - para usar la expresión de Popper - "severas".
Luego se procede a determinar si estas consecuencias que extrajimos son o no verdaderas. Si son verdaderas, la teoría queda "corroborada", lo cual significa que hasta ahora nada hace pensar que sea falsa, que no se ha encontrado ningún contraejemplo a pesar de nuestros sinceros esfuerzos por encontrarlos, y que por tanto podemos seguir manteniéndola; en cambio, si las consecuencias son falsas, la teoría, o parte de ella, debe ser falsa: las cosas no pueden quedar como estaban, hemos detectado la presencia de un error, y debemos remediarlo por medio de una nueva propuesta.
Las contrastaciones proceden de manera deductiva: razonamos que si la hipótesis es verdadera (y eso es lo que queremos), las consecuencias que derivamos de ella mediante razonamiento lógico-matemático también deben serlo; y nos interesan especialmente aquellas consecuencias que resulten novedosas, sorprendentes, improbables, pues es examinando esta clase de consecuencias donde más esperamos que, de ser falsa la hipótesis, se obtenga un resultado que desenmascare su falsedad. Las contrastaciones que nos interesan son pues contrastaciones exigentes o - para usar la expresión de Popper - "severas".
Luego se procede a determinar si estas consecuencias que extrajimos son o no verdaderas. Si son verdaderas, la teoría queda "corroborada", lo cual significa que hasta ahora nada hace pensar que sea falsa, que no se ha encontrado ningún contraejemplo a pesar de nuestros sinceros esfuerzos por encontrarlos, y que por tanto podemos seguir manteniéndola; en cambio, si las consecuencias son falsas, la teoría, o parte de ella, debe ser falsa: las cosas no pueden quedar como estaban, hemos detectado la presencia de un error, y debemos remediarlo por medio de una nueva propuesta.
En
una palabra, contrastar una teoría es para Popper intentar
refutarla: someterla a una contrastación severa con el objeto de
ver si la resiste, si sale airosa de nuestro embate experimental, de
nuestro examen. Nótese que esta actitud de los científicos frente a
sus teorías es cualquier cosa menos complaciente: la actitud es
crítica, y el deber de todo científico que propone una teoría no
es enamorarse de ella sino convertirse en su primer examinador
crítico, el primero en plantearle desafíos, en sugerir
contrastaciones con riesgo de refutación e invitar a los demás
científicos a que diseñen contrastaciones novedosas de su
teoría. La actitud científica es la actitud crítica.
No porque nos gustaría que nuestras teorías queden
refutadas (a nadie le gusta eso), sino porque no queremos que
nuestros errores nos pasen inadvertidos.
Como decíamos, al diseñar una contrastación, nos concentramos en examinar aquellos ámbitos en que más esperaríamos que aparezcan los contraejemplos, los casos contrarios; en que más esperamos poder "cachar" a la hipótesis, si es falsa. Esta actitud popperiana fue expresada por el genial físico Richard Feynman con las siguientes palabras:
Los experimentadores efectúan la búsqueda con mayor esmero allí donde es más probable hallar la refutación de nuestras teorías. En otras palabras, tratamos de encontrar nuestros errores lo más rápido posible, puesto que es el único camino del progreso.
En cambio, si no prestamos atención a las zonas donde esperaríamos hallar los casos problemáticos y sólo nos concentramos en lo que parece ir bien, vamos a pasar por alto nuestras equivocaciones y perpetuaremos nuestras teorías erróneas. Nos estaremos comportando dogmáticamente.
Como decíamos, al diseñar una contrastación, nos concentramos en examinar aquellos ámbitos en que más esperaríamos que aparezcan los contraejemplos, los casos contrarios; en que más esperamos poder "cachar" a la hipótesis, si es falsa. Esta actitud popperiana fue expresada por el genial físico Richard Feynman con las siguientes palabras:
Los experimentadores efectúan la búsqueda con mayor esmero allí donde es más probable hallar la refutación de nuestras teorías. En otras palabras, tratamos de encontrar nuestros errores lo más rápido posible, puesto que es el único camino del progreso.
En cambio, si no prestamos atención a las zonas donde esperaríamos hallar los casos problemáticos y sólo nos concentramos en lo que parece ir bien, vamos a pasar por alto nuestras equivocaciones y perpetuaremos nuestras teorías erróneas. Nos estaremos comportando dogmáticamente.
Todo
esto nos dio ocasión de analizar más detenidamente el concepto
popperiano de corroboración de una hipótesis científica.
Como sabemos, la corroboración es un desenlace posible de una
contrastación: un resultado favorable a la hipótesis contrastada,
donde ésta sale airosa de la misma. Lo que afirma Popper es que los
resultados favorables más valorados por los científicos son
justamente aquellos en que el pronóstico/consecuencia que se deriva
de la hipótesis para ponerla a prueba es arriesgado, novedoso,
inesperado, y no uno que todos esperaban que sucediera aun antes de
que se propusiera la hipótesis. Es decir, las corroboraciones
auténticas son aquellas en que se cumple una predicción
arriesgada de la hipótesis puesta a prueba (ejemplificamos esto
con la predicción del punto luminoso de Poisson por parte de la
teoría ondulatria de la luz; la clase pasada, con las novedosas predicciones de la teoría de la relatividad general). Esto se relaciona con lo que
comentábamos antes: en la metodología popperiana, los científicos
procuran indagar sobre los posibles puntos débiles de las hipótesis
que se proponen, y por ello les interesa derivar consecuencias
sorprendentes o improbables de la hipótesis evaluada, pues es ahí
donde más esperarían dar con un resultado que la ponga en
entredicho; el examen al que se la somete ha de ser exigente.
Luego
explicamos brevemente las críticas de Popper al intento de resolver
el problema de la inducción que aduce que las hipótesis, al
confirmarse mediante casos favorables, adquieren un alto grado de
probabilidad. Vimos que Popper critica reiteradamente este intento de
identificar la corroboración científica con una
elevada probabilidad: las hipótesis científicas, dice
Popper, pueden corroborarse brillantemente, pero esto no
equivale a alcanzar un alto grado de probabilidad. Más aún,
el objetivo de la ciencia no puede ser el de obtener teorías cada
vez más probables. Para explicar esto analizamos la relación que
hay según Popper entre la precisión y el alto contenido informativo
(ambos asociados a un alto grado de falsabilidad) y cómo ellos
varían inversamente con la probabilidad. Es decir, mientras más
afirma un enunciado, y mientras más preciso es, más arriesgado
es, y por tanto más posibilidades prohíbe (excluye), con
más casos posibles es incompatible (más fácil es por
tanto que sea refutado, justamente por alguno de estos
casos excluidos). Pero entonces es más difícil que sea
verdadero, y más fácil que resulte falso: es decir, es menos
probable. Por el contrario, una alta probabilidad, según Popper,
sólo indica lo poco que un enunciado afirma, su debilidad lógica,
lo poco que se arriesga (de ahí que sea fácil que resulte
verdadero). Pero la ciencia, dice Popper, busca teorías e
hipótesis contrastables, falsables, precisas, audaces, con alto
contenido informativo; por tanto, la ciencia no puede buscar teorías
con alta probabilidad lógica. Todo esto vale tanto para la
probabilidad absoluta ("H es probable") como para la
relativa ("H es probable dados los datos E"). Una hipótesis
muy probable relativamente a ciertos datos o elementos de juicio
observacionales es una hipótesis que nos dice muy poco más
allá de lo que nos dicen esos elementos de juicio: va muy poco
más allá de los mismos, tiene poco contenido adicional, su
contenido está casi agotado por el contenido de los
elementos de juicio dados. Mientras que, según Popper, las
hipótesis altamente contrastables, refutables, informativas de la
ciencia siempre van mucho más allá de lo que informa un reporte
observacional, dándonos por ello una infinidad de oportunidades
distintas de contrastarlas mediante otro tipo de datos, en
nuevas situaciones. De esto se sigue que identificar una hipótesis
corroborada por ciertos datos con una hipótesis altamente
probable relativamente a esos datos es inadecuado: las
hipótesis científicas (por tanto, informativas y refutables) pueden
corroborarse por medio de resultados experimentales y a menudo lo
son, pero, por lo que hemos dicho, no puede decirse que
tengan una elevada probabilidad dados esos resultados.
Voy a dejar un TP optativo en breve, junto con otros ejercicios.
Voy a dejar un TP optativo en breve, junto con otros ejercicios.
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