lunes, 23 de octubre de 2017


Hoy seguimos viendo otros aspectos de la filosofía de la ciencia de Popper. En particular, nos detuvimos a examinar el rol de la contrastación empírica en su concepción. Y vimos que los científicos contrastan sus hipótesis con el objeto de encontrar posibles errores en la hipótesis, si es que existen: esto es, por si la hipótesis, a pesar de sus méritos ostensibles, fuera falsa - y sin duda debemos estar abiertos a esa posibilidad -, tratamos de que sus errores salgan a la luz lo más rápido posible, sometiéndola a una batería de contrastaciones implacables que intentan "cacharla", encontrarle casos contrarios, contraejemplos. Si logramos descubrir un contraejemplo (un error, pues), la teoría o hipótesis deberá ser descartada o al menos modificada, puesto que nosotros sólo queremos teorías verdaderas, y justamente por ello estamos tan atentos a sus posibles errores.
   Las contrastaciones proceden de manera deductiva: razonamos que si la hipótesis es verdadera (y eso es lo que queremos), las consecuencias que derivamos de ella mediante razonamiento lógico-matemático también deben serlo; y nos interesan especialmente aquellas consecuencias que resulten novedosas, sorprendentes, improbables, pues es examinando esta clase de consecuencias donde más esperamos que, de ser falsa la hipótesis, se obtenga un resultado que desenmascare su falsedad. Las contrastaciones que nos interesan son pues contrastaciones exigentes o - para usar la expresión de Popper - "severas".
   Luego se procede a determinar si estas consecuencias que extrajimos son o no verdaderas. Si son verdaderas, la teoría queda "corroborada", lo cual significa que hasta ahora nada hace pensar que sea falsa, que no se ha encontrado ningún contraejemplo a pesar de nuestros sinceros esfuerzos por encontrarlos, y que por tanto podemos seguir manteniéndola; en cambio, si las consecuencias son falsas, la teoría, o parte de ella, debe ser falsa: las cosas no pueden quedar como estaban, hemos detectado la presencia de un error, y debemos remediarlo por medio de una nueva propuesta.
   En una palabra, contrastar una teoría es para Popper intentar refutarla: someterla a una contrastación severa con el objeto de ver si la resiste, si sale airosa de nuestro embate experimental, de nuestro examen. Nótese que esta actitud de los científicos frente a sus teorías es cualquier cosa menos complaciente: la actitud es crítica, y el deber de todo científico que propone una teoría no es enamorarse de ella sino convertirse en su primer examinador crítico, el primero en plantearle desafíos, en sugerir contrastaciones con riesgo de refutación e invitar a los demás científicos a que diseñen contrastaciones novedosas de su teoría. La actitud científica es la actitud crítica. No porque nos gustaría que nuestras teorías queden refutadas (a nadie le gusta eso), sino porque no queremos que nuestros errores nos pasen inadvertidos.
   Como decíamos, al diseñar una contrastación, nos concentramos en examinar aquellos ámbitos en que más esperaríamos que aparezcan los contraejemplos, los casos contrarios; en que más esperamos poder "cachar" a la hipótesis, si es falsa. Esta actitud popperiana fue expresada por el genial físico Richard Feynman con las siguientes palabras:

Los experimentadores efectúan la búsqueda con mayor esmero allí donde es más probable hallar la refutación de nuestras teorías. En otras palabras, tratamos de encontrar nuestros errores lo más rápido posible, puesto que es el único camino del progreso.

   En cambio, si no prestamos atención a las zonas donde esperaríamos hallar los casos problemáticos y sólo nos concentramos en lo que parece ir bien, vamos a pasar por alto nuestras equivocaciones y perpetuaremos nuestras teorías erróneas. Nos estaremos comportando dogmáticamente.
   Todo esto nos dio ocasión de analizar más detenidamente el concepto popperiano de corroboración de una hipótesis científica. Como sabemos, la corroboración es un desenlace posible de una contrastación: un resultado favorable a la hipótesis contrastada, donde ésta sale airosa de la misma. Lo que afirma Popper es que los resultados favorables más valorados por los científicos son justamente aquellos en que el pronóstico/consecuencia que se deriva de la hipótesis para ponerla a prueba es arriesgado, novedoso, inesperado, y no uno que todos esperaban que sucediera aun antes de que se propusiera la hipótesis. Es decir, las corroboraciones auténticas son aquellas en que se cumple una predicción arriesgada de la hipótesis puesta a prueba (ejemplificamos esto con la predicción del punto luminoso de Poisson por parte de la teoría ondulatria de la luz; la clase pasada, con las novedosas predicciones de la teoría de la relatividad general). Esto se relaciona con lo que comentábamos antes: en la metodología popperiana, los científicos procuran indagar sobre los posibles puntos débiles de las hipótesis que se proponen, y por ello les interesa derivar consecuencias sorprendentes o improbables de la hipótesis evaluada, pues es ahí donde más esperarían dar con un resultado que la ponga en entredicho; el examen al que se la somete ha de ser exigente. 
 Luego explicamos brevemente las críticas de Popper al intento de resolver el problema de la inducción que aduce que las hipótesis, al confirmarse mediante casos favorables, adquieren un alto grado de probabilidad. Vimos que Popper critica reiteradamente este intento de identificar la corroboración científica con una elevada probabilidad: las hipótesis científicas, dice Popper, pueden corroborarse brillantemente, pero esto no equivale a alcanzar un alto grado de probabilidad. Más aún, el objetivo de la ciencia no puede ser el de obtener teorías cada vez más probables. Para explicar esto analizamos la relación que hay según Popper entre la precisión y el alto contenido informativo (ambos asociados a un alto grado de falsabilidad) y cómo ellos varían inversamente con la probabilidad. Es decir, mientras más afirma un enunciado, y mientras más preciso es, más arriesgado es, y por tanto más posibilidades prohíbe (excluye), con más casos posibles es incompatible (más fácil es por tanto que sea refutado, justamente por alguno de estos casos excluidos). Pero entonces es más difícil que sea verdadero, y más fácil que resulte falso: es decir, es menos probable. Por el contrario, una alta probabilidad, según Popper, sólo indica lo poco que un enunciado afirma, su debilidad lógica, lo poco que se arriesga (de ahí que sea fácil que resulte verdadero). Pero la ciencia, dice Popper, busca teorías e hipótesis contrastables, falsables, precisas, audaces, con alto contenido informativo; por tanto, la ciencia no puede buscar teorías con alta probabilidad lógica. Todo esto vale tanto para la probabilidad absoluta ("H es probable") como para la relativa ("H es probable dados los datos E"). Una hipótesis muy probable relativamente a ciertos datos o elementos de juicio observacionales es una hipótesis que nos dice muy poco más allá de lo que nos dicen esos elementos de juicio: va muy poco más allá de los mismos, tiene poco contenido adicional, su contenido está casi agotado por el contenido de los elementos de juicio dados. Mientras que, según Popper, las hipótesis altamente contrastables, refutables, informativas de la ciencia siempre van mucho más allá de lo que informa un reporte observacional, dándonos por ello una infinidad de oportunidades distintas de contrastarlas mediante otro tipo de datos, en nuevas situaciones. De esto se sigue que identificar una hipótesis corroborada por ciertos datos con una hipótesis altamente probable relativamente a esos datos es inadecuado: las hipótesis científicas (por tanto, informativas y refutables) pueden corroborarse por medio de resultados experimentales y a menudo lo son, pero, por lo que hemos dicho, no puede decirse que tengan una elevada probabilidad dados esos resultados.

Voy a dejar un TP optativo en breve, junto con otros ejercicios.

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