jueves, 28 de septiembre de 2017
Hoy seguimos (terminamos) con Hempel y dimos una introducción al pensamiento griego clásico y sus notas distintivas.
Respecto de este último tema nos referimos al tránsito del mythos al lógos que ocurrió en Grecia, culminando en el siglo V a.c.. Vimos que esto involucró dos cosas: en primer lugar, el abandono de las explicaciones míticas y sobrenaturales, la irrupción de explicaciones naturales o materiales del universo. En segundo lugar, y aun más importante, la predilección por dar razón (didónai logon), explicar, razonar, en lugar de aceptar los relatos tradicionales sólo por el hecho de ser tradicionales o por provenir de una fuente sagrada. Es esta dimensión argumentativa, lógica, demostrativa, la que singulariza al pensamiento y ciencia de los griegos entre las culturas antiguas. La diferencia no sólo del pensamiento tradicional y mítico, sino que la distingue favorablemente incluso de la matemática de Mesopotamia y Egipto: este "dar razón" de los griegos, este explicar racionalmente, supera los métodos empíricos o técnicos que hallamos en los papiros egipcios y tablillas babilonias, donde los resultados o fórmulas, aun cuando son exactos, son presentados sin prueba, sin explicación racional, sin dar un lógos. Por el contrario, los griegos no se contentan con saber que algo es como es, sino que se preguntan el por qué, y dan una respuesta razonada a la cuestión, una explicación racional. En la matemática, esto quiere decir que los resultados no se aceptan porque parecen funcionar en varios casos, sino que se los deduce por medio de la razón en toda su generalidad.
Muchísimo se puede decir, y se ha dicho, sobre la importancia extraordinaria del logos - la argumentación racional - como hazaña del pensamiento griego. No es exagerado decir que nos enseñaron el arte de razonar y discutir racionalmente en todos los niveles, y que todavía no hemos terminado de aprender la lección.
Como indicábamos antes, los griegos fueron decisivos en el proceso de secularización que se da en occidente y que llega hasta nuestros días (aunque tuvo, por supuesto, notorias interrupciones históricas): la desacralización del pensamiento y de la acción, la retirada de los dioses, de la magia, de los espíritus; la mundanidad de los objetos y de los procesos naturales, que son concebidos ahora como procesos objetivos comprensibles y explicables racionalmente; se trata de eso que Max Weber llamó el "desencantamiento (Entzauberung) del mundo".
Dimos algunos ejemplos geométricos del modo griego vs el modo babilonio de abordar los problemas intelectuales, pero los detalles más jugosos los vamos a ver cuando retomemos esta temática en la segunda parte de la cursada.
En cuanto a Hempel: resolvimos un ejercicio pendiente y explicamos un último punto: la concepción inductivista ingenua ("estrecha") y las críticas de Hempel a esta posición. Estas críticas no son muy novedosas en verdad (ya habían sido formuladas por Popper mucho antes), pero son bastante certeras.
La idea básica de la concepción inductivista ingenua del conocimiento es que el conocimiento se obtiene por medio de generalizar lo observado. En particular, recomienda que la observación y registro de hechos sean emprendidos prescindiendo de cualquier idea o hipótesis previa. Las hipótesis, por el contrario, serían un producto tardío y resultan de aplicar una inferencia inductiva a partir de los cuantiosos datos observacionales recabados con anterioridad.
Las primeras recomendaciones en la receta del inductivista ingenuo para obtener conocimiento científico serían las siguientes:
1. Observar los hechos/datos - todos los que se puedan, y sin el uso de ninguna hipótesis.
2. Ordenar los datos y clasificarlos.
3. Obtener - recién ahora - una hipótesis mediante una inferencia inductiva a partir de los datos.
Críticas:
Observar TODOS los hechos (incluso los que están a nuestro alcance) sería una pérdida de tiempo: es evidente que en una investigación científica la observación es selectiva: sólo se registran y observan los hechos y datos que se consideran relevantes.
Ejemplo: en el caso Semmelweis, a nadie se le ocurrió obervar el número de baldosas en la división uno y en la división 2 y registrar si el número era par o impar; y sin embargo, estos son efectivamente hechos o datos que están disponibles, pero eran considerados irrelevantes.
Entonces, el inductivista estrecho deberá conceder que son sólo los hechos/datos relevantes los que deben registrarse. Ahora bien, juzgar que un tipo de dato es relevante ya involucra hacer uso de hipótesis, con lo cual la posición inductivista ingenua se desmorona.
Ejemplo: si no registramos el número de baldosas por considerarlo irrelevante pero sí registramos las costumbres dietarias de las parturientas y observamos la cantidad de muertes para cada grupo dietario, es evidente que ya estamos explícita o implicitamente considerado una hipótesis tentativa que relaciona las muertes con las costumbres dietarias de las parturientas; es con respecto a esta hipótesis que esos datos son relevantes (son datos que permiten evaluarla, contrastarla).
Entonces, la posición del inductivista ingenuo se termina contradiciendo: al conceder que sólo deben reunirse datos relevantes, está admitiendo que en el proceso mismo de observar hechos y obtener datos ya hay en juego hipótesis, puesto que un dato es o no relevante justamente en relación con alguna u otra hipótesis. Contrariamente al inductivismo estrecho, entonces, el proceso de observación y registro activo de datos en una investigación no es "previo" al uso de hipótesis, sino que las hipótesis guían este proceso al determinar qué tipo de dato empírico es relevante obtener en cada caso.
Palabra del día: sesgado
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